Don Rumores
Abandonar el agro de Tabasco por el petróleo fue la peor decisión histórica | Abandonar el agro de Tabasco por el petróleo fue la peor decisión histórica |
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Transparencia (Parte 1 de 3) A fines de 1976, cuando Echeverría y Mario Trujillo terminaban sus gobiernos, Tabasco era un productor mediano de petróleo y más importante de gas. La estrategia productiva que los gobiernos y muchos expertos impulsaban para Tabasco era todo lo relacionado con la producción agropecuaria. En toda plática de mandatarios y técnicos a diario se charlaba de agroindustrias; de valor agregado; de modernizar tecnológicamente los diversos pasos de la producción agropecuaria; de establecer modernos sistemas de comercialización; y desde luego, también hacer lo propio para hacer rendir más al hato ganadero que era entonces de 1.5 millones de cabezas. Nuestras expectativas se encontraban sustentadas en mejorar genéticamente las plantaciones de cacao, coco, pimienta y plátano, así como las de caña de azúcar; sin olvidar nunca el ganado y productos que se empezaban abrir paso, como la papaya y la piña cayena lisa. En ganadería, la meta era exportar cortes modernos, instalar fábricas de calzado y otros productos de pieles, así como quitarle a Nestlé el control de la leche cruda e instalar nuestro propio sistema de pasteurización, como el frigorífico que se construyó para matanzas. Algunas cosas se lograron, pero al mismo tiempo se les dejó a su suerte porque vino el petróleo y la atención de gobierno y campesinos se fijó en aquella actividad. Los presupuestos anuales de los gobiernos eran menores que ahora, en tanto la población era apenas la mitad de la actual; y a pesar de ello, iban surgiendo por todos lados obras hidráulicas, hospitales, escuelas y demás servicios públicos que la población de entonces requería. No es exagerado decir que antes del petróleo en Tabasco no había pobreza extrema, sino en todo caso, grupos de campesinos que por falta de promoción y capacitación no aprovechaban bien la riqueza de sus tierras. Con el boom petrolero iniciado por López Portillo a partir de 1977, la población se multiplicó geométricamente en pocos años, no por una dinámica propia, sino porque el oro negro se convirtió en gran polo de atracción de gente, no sólo la que podía trabajar en esa actividad tras agotarse otros campos del país, sino también de toda una fauna social negativa de prostitución, ladrones y vendedores de marihuana y drogas de aquella época. Nuestros costos de vida se dispararon a causa de los sueldos aristocráticos que pagaban Pemex, el gobierno requirió más dinero para servicios públicos que antes no se le requerían; y bueno, se abandonó nuestra prometedora economía agropecuaria para abrazar el sueño del oro negro, que como ya vimos en la inundación del 2007, nos trajo gente que ocupó zonas de alto riesgo y que ahora, ya como integrantes de la sociedad tabasqueña, exigen a nuestros gobiernos todo no obstante las crisis económicas y sanitarias que hemos venido enfrentando. Es así como la llegada del petróleo en nada nos benefició, porque si bien generó una mayor derrama económica, no benefició a los tabasqueños de siempre, sino a una élite que hoy en día acaparan las páginas de sociales de los periódicos. Aumentaron los negocios, el comercio y servicios, pero no porque los tabasqueños de siempre hayan progresado, sino porque los que llegaron trajeron consigo alto poder adquisitivo. Si realizáramos un esfuerzo de retrotraer al Tabasco de 1976, pero sin que hubiera aparecido el petróleo, sin duda que seríamos una potencia agropecuaria; tendríamos ya resueltos muchas de nuestras limitaciones; estaríamos industrializando productos diversos de nuestra feraz tierra; estarían vigentes políticas para renovar nuestros recursos; y no estuviéramos dependiendo de las limosnas de Pemex y las peleadas participaciones que la Federación nos otorga anualmente. (Continuará) Para mayor información consulte www.transparenciatabasco.org |
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