Hombre de Familia
Para entendernos y entender a los demás y a la vida, sólo basta autoanalizarnos bien | Para entendernos y entender a los demás y a la vida, sólo basta autoanalizarnos bien |
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Hombre de Familia
El principal autor de esta mecánica, también conocida como análisis transaccional, fue el doctor Eric Berne; aunque muchos más siguieron su línea terapéutica al grado que se bautizó el sistema como P. A. N. No se confunda con el partido de Calderón, el PAN, sino que es una manera sencilla de explicar al público común la revolucionaria doctrina del psicoanálisis que aún hoy en día es escuela que siguen miles de psiquiatras en el mundo. La P. de esta terapia quiere decir “Padre”; la A. significa “Adulto”; y la N. se debe entender como “Niño”. Es decir, Padre-Adulto-Niño, los tres ejes de la conducta humana y que se alojan en el subconsciente actuando en múltiples combinaciones. Según Freud, el eje, la fuerza, la imagen más fuerte en el subconsciente de cada uno de nosotros, es decir el padre, el adulto o el niño, es la que se impone y se traduce en nuestro comportamiento con los demás, y desde luego, en relación con nosotros mismos. O sea nuestro yo. La terapia que Berne y otros autores recomiendan, basada en las tesis científicas de Freud, son en realidad una forma de popularizar y aplicarse a sí mismo los complicadísimos principios del psicoanálisis que un terapeuta puede aplicar en un paciente de 2 a 5 y hasta 10 años. Expliquémonos. Si usted deja que predomine en su interior la escala de valores, necedades o puntos de vista de sus padres, o uno de ellos, en su manera de actuar en la vida, pues entonces estará “enfermo” emocionalmente. ¿Por qué? Porque su conducta y sus decisiones estarán apegadas a esos valores o filias y fobias que no son de usted, sino que se los inculcaron en la niñez, particularmente entre los 0, 5 y 10 años. Si usted razona y actúa como su papá o mamá que viven en el subconsciente, gobernándolo, obviamente que no actuará como un adulto con ideas propias, y en consecuencia, chocará con las personas y la realidad propia por lo que será muy infeliz. Ahora que si la personalidad predominante en el subconsciente de usted es la del “niño” que fue en sus primeros 10 años, pues obviamente se comportará, aunque tenga 30, 40, 50 años, como lo hacía cuando era un chico caprichoso, irracional, sin sentido de la proporción o de los riesgos, donde sus errores eran castigados o premiados por mamá o papá. Sólo que la realidad como adulto castiga con el desastre y pocas veces los premia. Por lo tanto, quien siendo un adulto se comporta como un niño, jamás podrá establecer una relación mínimamente sana y funcional con sus compañeros de trabajo, con las personas del sexo opuesto, e incluso, ni con sus mismos padres que ya no lo ven como un niño sino como alguien que debe resolver sus problemas y tomar iniciativas propias para vivir cuando ellos mueran. Como tenía que ser, quien está interiormente dominado por la personalidad, el eje o la fuerza del “niño”, lleva una vida todavía más desgraciada, su infelicidad es total, el estado normal de ánimo es la depresión y su tendencia principal será al suicidio porque fracasará en todo, empezando por lo que mueve al mundo en esa edad que es el amor. El suicidio es en mucho la salida. Pero hay, entonces, el predominio ideal, la fuerza que siempre debe dominar la vida de los jóvenes, adultos y ancianos. Esa fuerza subconsciente se conoce, según los autores del análisis transaccional, como el “adulto”. Es decir, su vida interior y su expresión externa ya como comportamiento frente a la vida y los demás, es de alguien que posee el control de las riendas de su vida en todos los sentidos: en su relación con los padres, con sus amigos o compañeros, con el sexo opuesto, y como consecuencia final obvia, será un hombre o mujer que tiene criterios propios para reflexionar y atender sus problemas internos o externos, todo lo cual le permitirá llevar una vida emocional sana, establecer relaciones duraderas y respetuosas con las personas que ama, valorará su trabajo, asumirá sus problemas y les buscará soluciones sensatas, no le interesará gran cosa lo que otros piensen de su conducta porque sabe que para él es correcta, tendrá un proyecto de vida y luchará por la felicidad propia y de las personas que ama. Este es, según el P. A. N., el punto ideal a que toda persona debe estar parada para tener una videa emocional sana y en consecuencia, encontrarle sentido y razón al milagro de nacer y de vivir en este mundo. Por cierto, del mismo autor Berne, existe el libro llamado “El juego que la gente juega”, que es de puros ejemplos como de acuerdo al análisis transaccional, la mente todavía utiliza recovecos insólitos para salirse con la suya no obstante ser la del “adulto”. Sólo menciono un ejemplo rápido, pero que demuestra las infinitas vueltas que tiene el subconsciente para operar y que la gente no entiende cuando sucede dentro de sí o en los demás. Resulta que una pareja de casados salía todos los jueves a cenar, al cine o cualquier otra diversión fuera del ámbito familiar o amigos. El punto fino de esta salida no era para la pareja a dónde iban, sino que al regresar a casa, con los niños dormidos hacían el amor. Ese día la señora se levantaba temprano, hacía sus quehaceres con tiempo, de manera que cuando el marido llegara por la tarde-noche a casa, ella estuviera ya frente al espejo arreglándose para salir. Uno de esos días, según el ejemplo de Berne, el marido llega y en lugar de iniciar su arreglo para salir, se sienta frente a la pantalla de TV. Ella lo apuraba porque la película estaba a punto de comenzar. Claro que la película era lo que menos le interesaba a la dama; pero él no daba muestras de ser puntual para ir al cine y a la hora convenida. La señora está lista, él embebido frente al aparato, le grita, le exige, lo presiona, terminando con que se dicen palabras y se enojan, entre sí; ella se tira llorando a la cama, se desviste y se duerme. ¿Qué había en el fondo de toda esta pequeña historia y su desenlce, según el análisis transaccional? Berne explica que, sencillamente, el marido no tenía ese día ganas de hacer el amor, lo cual sucedería al regresar a casa. Por lo tanto, de manera subconsciente dejó que se pasara la hora de la película, y conociendo a su esposa, sabía que estallaría de enojo y se metería a dormir. Y obviamente, la señora tenía mucha razón para ponerse histérica porque no disfrutaría esa noche de las delicias de su encuentro sexual acostumbrado. |
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